Todo esto me recuerda continuamente al «Ensayo sobre la ceguera» de Saramago.

La gente, [email protected] [email protected], despiertan, sí, pero aún están adormecidos y no ven con claridad.

Poco a poco despertarán del todo y entenderán que la fiesta terminó, que no hay vuelta atrás, que este sistema es insostenible y no tiene futuro.

Entenderán la magnitud del desastre: La crisis económica, es solo la punta de iceberg de toda una crisis multifacética.

Que este sistema económico es lo más parecido a un cáncer a punto de convertirse en metástasis, ya que:

El crecimiento con el único fin del crecimiento es la ideología de una célula cancerígena (Edward Abbey)

Y que pedir soluciones a este sistema económico, es como pedir al cáncer que nos cure del tumor.

Que no respetar al medioambiente, es como cagar en nuestro propio plato, y en el de nuestros hijos/as.

Que es como estar en contra de la ley de gravedad. Se puede estar en contra, pero, tarde o temprano caes.

Que la fiesta del minoritario primer mundo se vivió a costa del resto del mundo, del planeta, y de sus recursos finitos menguantes. Y eso que es crisis.

Y entonces nos tocará decidir si nos empecinamos en volver a la autodestructiva fiesta mientras que el cuerpo (léase el planeta) aguante o si construimos algo nuevo donde el futuro sea «vivible», algo centrado en el cuidado por [email protected] del bienestar y el bien común.

Y este futuro muy probablemente nos tocará construirlo a [email protected] mientras este sistema seguirá con la misma inercia autodestructiva.

El juego ha terminado. Perdimos. El estado corporativo continuará en su avance inexorable hasta que dos terceras partes de la nación y del planeta constituyan permanentemente una clase inferior desesperada. La mayoría de nosotros luchará por salir adelante mientras los Blankfein y nuestras élites políticas se revuelquen en la decadencia y la avaricia de la Ciudad Desaparecida y Versalles. No es que estas élites tengan un sueño; sólo conocen una palabra: más. Continuarán con la explotación de la nación, la economía global y el ecosistema. Y utilizarán su dinero para esconderse en recintos cerrados cuando todo implosione. No esperen a que se ocupen de nosotros cuando todo empiece a desenredarse. Tendremos que cuidarnos solos. Tendremos que crear improvisadamente pequeñas comunidades monásticas donde podamos mantenernos y alimentarnos. Será de nuestra propia incumbencia mantener vivos los valores culturales, morales e intelectuales que el estado corporativo ha intentado eliminar. Si no es así, seremos zánganos y siervos de una distopía corporativa global. No hay muchas alternativas. Pero al menos, todavía, nos queda alguna.

Artículo de Chris Hedges premio Pulitzer y antiguo corresponsal del New York Times, publicado en la revista AdBusters. (La traducción de la cita por Christine Carroll, mil gracias).

A pesar de todo, el futuro no está escrito, lo escribimos entre [email protected] si queremos participar:

O eres parte del problema o eres parte de la solución o simplemente parte del paisaje. (Robert De Niro como Sam en Ronin, 1998)

Y es inspirador ver el poder de la comunidad en situaciones similares.