Conformismos

Yo veo la metáfora de los primeros intentos del hombre por volar. El hombre que se tiraba desde un acantilado muy alto con su aeroplano batiendo las alas. Al pobre loco que le daba el viento en la cara, se creía que estaba volando pero en realidad iba en caída libre, solo que no lo sabía porque el suelo estaba muy lejos. Pero por supuesto estaba condenado a estrellarse.

Así es como veo yo a nuestra civilización: el gran acantilado representa los recursos prácticamente ilimitados que parece que tenemos cuando comenzamos este viaje.

El aparato no vuela, porque no está construido conforme a las leyes de la aerodinámica y está sujeto a la ley de gravedad.

Nuestra civilización no vuela porque no está construida conforme a unas leyes de la aerodinámica que permitan volar a las civilizaciones.

Y por supuesto, el suelo está muy lejos, pero hay quienes ya han visto que nos estamos acercando al suelo, antes que el resto de nosotros.

La Tierra todavía está lejos, pero algunos la vieron acercarse antes que otros.

Los visionarios lo han visto y nos han dicho que estamos acercándonos.

No hay ni una sola revista científica especializada que se haya publicado en los últimos veinticinco años que contradiga este escenario.

Todos los sistemas vivos de la Tierra están en decadencia. Todos los sistemas que mantienen la vida en la Tierra están en decadencia, y estas dos cosas componen la biosfera, la cual mantiene y alimenta toda la vida, no sólo la nuestra, sino quizá a unos treinta millones de especies más que comparten el planeta con nosotros.

La típica compañía del siglo XX, extractora, despilfarradora, abusiva, lineal en todos sus procesos, que toma de la Tierra, crea residuos, y envía sus productos a la biosfera amontonando basura.

Me sorprendió mucho saber cuanto tiene que producir la Tierra a través de nuestro proceso de extracción para generar un dolar de ingresos para nuestra compañía. Cuando lo supe me quedé pasmado.

Estamos dejando una herencia terrible de veneno y destrucción del medioambiente para los nietos de nuestros nietos, generaciones que aún no han nacido.

Algunas personas llaman a esto tiranía intergeneracional; una forma de impuestos sin contrapartida que impondremos a las generaciones venideras.

Es una gran equivocación.

(…)

Un día, al principio de este viaje, de repente me dí cuenta que la forma en la que había dirigido "Interface" era la de un saqueador, saqueando cosas que no me pertenecían, cosas que pertenecían a todas las criaturas de la Tierra. Y entonces me dije: "Dios mío, debe llegar el día en que esto sea ilegal y no permitan más saqueos. Debe llegar". Y me dije: "Dios mio, algún día, la gente como yo terminará en la cárcel."

Diálogo de Ray Anderson, Presidente de Interface Inc., en el documental The Corporation. Instituciones o Psicópatas – La.Patología del Comercio (2003) de Jennifer Abbott y Mark Achbar.

A veces uso la metáfora de que somos, la humanidad, como una manada que camina inconscientemente hacia un precipicio. Los que se dan cuenta y se dan la vuelta se llevan unos cuantos empujones y pisotones. Pero es que tenemos un marcado comportamiento psicológico de manada que usamos para reafirmar nuestras acciones. Si lo dice/hace la manada, será que es lo correcto, sin pensarlo mucho más. Es como los refranes, como dice mi amigo Dani, que por que riman, parece que son más verdad.

Y me encanta esta metáfora de la "Tercera Ola":

Pese a lo que prediquen los partidos y candidatos de hoy, la lucha entre ellos apenas si es más que una disputa sobre quién obtendrá mayores beneficios de lo que queda del declinante sistema industrial. Dicho de otra manera: se hallan empeñados en una pugna por ocupar las proverbiales sillas de cubierta en un Titanic que se hunde.
Como veremos, la cuestión política fundamental no es quién controla los últimos días de la sociedad industrial, sino quién configura la nueva civilización que está surgiendo rápidamente para reemplazarla. Mientras escaramuzas políticas de cierto alcance agotan nuestra energía y nuestra atención, una batalla mucho más profunda se desarrolla ya bajo la superficie. Aun lado están los partidarios del pasado industrial; al otro, millones de personas -cuyo número no cesa de aumentar-, que comprenden que los más urgentes problemas del mundo -alimentación, energía, control de armamentos, población, pobreza, recursos, ecología, clima, los problemas de los ancianos, el derrumbamiento de la comunidad urbana, la necesidad de un trabajo productivo y remunerador- no pueden resolverse ya dentro de la estructura del orden industrial.
Este conflicto es la «superlucha» por el mañana.
(…)
Una vez comprendemos que se está librando una encarnizada lucha entre quienes tratan de preservar el industrialismo y quienes tratan de sustituirlo, nos encontramos en posesión de una nueva y eficaz clave para comprender el mundo. Más aún -ya estemos fijando la política a seguir por una nación, la estrategia a desarrollar por una corporación o los objetivos de nuestra propia vida personal-, nos hallamos en posesión de un nuevo instrumento para cambiar el mundo.
Sin embargo, para utilizar este instrumento debemos poder distinguir con claridad los cambios que prolongan la vieja civilización industrial de aquellos otros que facilitan la llegada de la nueva. En resumen debemos comprender tanto lo viejo como lo nuevo, el sistema industrial de la segunda ola en el que tantos de nosotros hemos nacido y la civilización de la tercera ola, en la que viviremos nosotros y nuestros hijos.

La Tercera Ola.(c) 1980, Alvin Toffler. Plaza & Janes, Barcelona 1993.

Tenía ganas de meter esta cita o algo similar, para dar un toque de optimismo al futuro.

Por cierto, el último párrafo de Toffler me recuerda en cierta forma a la opinión de mi amigo Paco, cuando hablamos de esto. Y en conjunto, la cita de La Tercera Ola, dice muchísimo sobre mi actitud personal estos últimos diez años.