No albergaba ninguna duda de que, con tiempo, los humanos podríamos crear una sociedad moral. El problema era, y yo lo sabía demasiado bien, que el tiempo se estaba acabando.
Jane Goodall

Acabo de salir a mitad de una asamblea de un colectivo en el que participo. Era la cuarta asamblea a la que asisto relacionada con este colectivo en estas tres últimas semanas.

Lo de salirme a mitad de la asamblea lo aprendí bien en Argentina hace ya años. Cuando una reunión degeneraba por alguna razón y solo consumía nuestro tiempo, sin llegar a decidirse o tratarse nada de trascendencia, las personas se iban levantado sigilosamente, y finalmente las reuniones se terminaban por falta de interés, y de asistentes. Me parecía lógico.

Es una cuestión de gestionar la atención. Cuando la atención se gestiona mal, simplemente se pierde. Si no me expreso bien escribiendo este texto, si no os interesa lo que digo, no llegaréis probablemente al final de este texto ni a reflexionar sobre este tema. Así es la vida.

Y es que el cerebro humano puede discernir entre ignorar algo que no le interesa (el tic-tac del reloj mientras dormimos) o pasar a la atención exclusiva e inmediata cuando algo es importante (por ejemplo cuando nuestro hijo llora en la cuna).

Por otro lado, me contaron en una charla que el cerebro humano tiene una ventana de atención de veinte minutos, y que pasados estos, simplemente desconecta y se pone con otras tareas.

Por eso me gusta el minimalismo, el decir mucho con poco, el dibujo de mínimos trazos que lo expresa todo, el objeto simple pero totalmente funcional. Algo que no voy a conseguir con este texto pero ya he dicho que lo de escribir no es lo mío.

Y llevamos una vida llena de actividad, de información, de trabajo, de eventos, de causas nobles (y otras no tan nobles), de acontecimientos, de sensaciones, cosas tan básicas como comer y dormir y nuestro cuerpo, nuestra mente y incluso nuestro corazón debe decidir en cada momento, a que dedicar su atención.

Confieso que yo hago un ejercicio continuo de reflexión de lo que hago o hacemos en colectivos en los que participo, y si lo que hago/hacemos me/nos lleva a algún lado.

Y es aquí cuando me gustaría escribir a proposito de mi visión personal sobre la participación en colectivos políticos, agrupaciones, proyectos, y otros saraos similares.

Creo sinceramente que nuestra participación individual debe ser algo natural, voluntaria, libre, no coaccionada y por ello muchas veces entusiasta. Por nuestro propio bien y por el bien de la causa/proyecto/agrupación en cuestión.

Como no se la situación (personal, laboral, emocional) exacta de cada persona no me gusta exigir ninguna participación a nadie que se acerca a ninguno de los proyectos en los que participo. Me gusta que las colaboraciones surjan como decía con total naturalidad.

Evidentemente para que estas colaboraciones surjan, tu causa/proyecto/grupo debe dejar claro si precisa ayuda, y que se debe hacer para ayudar (ya sea mandar un correo a cierta dirección, firmar un manifiesto o mandar una transferencia a una cuenta, etc).

Así que me gusta ser informativo: "Se precisa ayuda, pero siéntete con total libertad para ayudar o no".

Por eso no me hace mucha gracia que se me exija nada distinto en ninguna causa (por muy noble que sea) obviando e ignorando cual es mi situación personal, mi implicación en otras causas, etc, etc.

Y me podréis llamar utópico, pero en el basto movimiento del Software Libre, este esquema de participación voluntaria no coaccionada (la mayoría de las veces no remunerada) creo que funciona bastante bien, aunque siempre hay alguien que saca el látigo.

Esto me ha hecho recordar al clásico ensayo de Eric S. Raymond Como convertirse en hacker en concreto el punto "La libertad es buena" (substituye la palabra hacker por activista al leer):

Los hackers son antiautoritarios por naturaleza. Cualquiera que pueda darte órdenes, puede obligarte a dejar de resolver ese problema que te está fascinando (…) Por eso, la actitud autoritaria debe ser combatida donde sea que se la encuentre, pues si se la deja te asfixiará, tanto a ti como a otros hackers. (…) Los autoritarios prosperan en la censura y el secreto. Y desconfían de la cooperación voluntaria y del intercambio de información —sólo les agrada la cooperación que tienen bajo su control.

Estas exigencias de compromiso, me resultan similares a exigir cariño a una persona. El cariño surge pero no se puede exigir, ni forzar y cuando esto se fuerza la relación se desvirtúa.

Y es una pena, porque al final se consigue todo lo contrario a lo que se quiere. La gente asfixiada por los compromisos huyen. Siguiendo la analogía, en vez de recibir cariño la otra persona se termina alejando definitivamente.

Nota: Este artículo está dedicado con cariño a todas las personas que conozco que se sientan aludidas.